miércoles, 7 de enero de 2015

Amor platónico, romántico, de verdad…… y yo

En el mundo occidental nos hemos adaptado al concepto del amor romántico,  lo creemos una necesidad para fundamentar la relación monógama de pareja planteada en gran parte de la sociedad occidental, el amor ha llegado al punto de idealización creyéndose que supera nuestras necesidades, complementa nuestra vida  y nos realiza como personas, se llega en ocasiones a creer que sin la persona a la que amas no se puede vivir; el amor se llega a mezclar con sentimientos pasionales básicos del ser humano como son el sexo, creyéndose que el amor es una experiencia siempre placentera y emocional.
En el amor platónico se centran más la admiración casi la adoración por el ser al que le diriges estos sentimientos, en este amor no existen los impulsos básicos del ser humano, este amor es espiritual alejado de lo mundano.
El amor de verdad es más fácil encontrarlo en las relaciones que tienen una relación de  consanguineidad directa, es un amor eterno que soporta todo, que entrega todo el mejor ejemplo el amor que algunas madres dan a sus hijos, es un amor que busca el bien del otro ayudándolo a superarse a ser mejor, que le permite ser libre, con la confianza de que al volver ese amor no habrá desaparecido ni menguado, en ocasiones lo encuentras en las amistades y en casos selectos en una relación de pareja.
Pero si analizamos el amor romántico ese que nos ofrecen en los chick flicks, en la literatura, en el arte, nos encontramos con una realidad y es que el amor romántico invadió con su concepto hace apenas cuatro siglos, antes de esto la única obra en la que se hablaba de forma amplia del amor romántico es en el Shir Hashirim o Cantar de los cantares el cual es un poema de dos amantes separados, aunque desde la tradición cristiana se le vea como una obra con clara referencia a D-os y la iglesia, para los judíos sea una referencia a D-os y el pueblo judío, o a la unión del rey Salomón con la sabiduría, pero al leer el libro no se puede negar la exquisita descripción que hace del amor romántico, del amor de dos amantes que se buscan a pesar de las dificultades.
La antropóloga Helen Fisher ha realizado amplios estudios sobre la neurobiología del amor, llegando a la conclusión que en el amor se relacionan tres sistemas cerebrales los cuales están en perfecta interacción los cuales son el impulso sexual, el amor romántico y el cariño y apego tras una larga relación, en la fase uno nuestro impulso sexual hace que tengamos una sobrecarga en nuestros neurotransmisores, esta fase es adictiva, la verdad al igual que las demás especies nos sentimos sexualmente atraídos por una persona con la que podamos llegar al acto sexual, esta fase dura menos de un año, de ahí pasamos a la etapa dos lo que llamamos amor romántico, en esta etapa liberamos oxitocina y vasopresina, es la etapa en que buscamos establecer gustos y opiniones que trasciendan el ámbito sexual, en esta etapa los encuentros sexuales disminuyen con relación a la primera etapa puesto que ya hemos encontrado otras cosas en común con la persona, gustos políticos, alimenticios, sueños en común entre otros, pero la tercera etapa es la más compleja puesto que o aparece el cariño de larga duración o  la relación se termina; es importante tener en claro que se hace énfasis en que debe existir relación es decir gustos en común, sueños, expectativas en común sobre la relación, no basta con vivir bajo el mismo techo pero cada quien en su respectivo mundo.    
El amor es adictivo producimos tales niveles de dopamina, norepinefrina, oxcitocina y vasopresina entre otras, que aumentamos los niveles de testosterona y esta hormona es la encargada de nuestro impulso sexual, por eso cuando tenemos impulso sexual hacia una persona la pensamos constantemente y nos volvemos dependientes, es decir el amor como tal es una adicción, una buena adicción en muchos casos y lastimosamente en algunos casos un adicción difícil de dejar.
Ahora bien por qué buscamos enamorarnos, por qué a pesar de que a nuestro alrededor y en ocasiones nosotros mismos hemos fracasado en una relación amorosa volvemos a buscar enamorarnos, la respuesta es que el amor es una necesidad de los seres humanos, un impulso y uno de los más básicos es el impulso sexual organizado bajo la necesidad de la exclusividad y la complicidad con alguien, pero no es un sentimiento, el amor romántico no es un sentimiento es solo impulso sexual, por eso no solo existe en la cultura occidental, ya que de cierta forma a pesar de las diferentes culturas y costumbres el amor como necesidad fisiológica del ser humano aparece; como dijo Aristóteles “El hombre es social por naturaleza” nos desarrollamos y mejoramos por medio del amor a otras personas, damos amor para recibir amor o al menos eso creemos.
El amor romántico nos hace desaparecer el miedo de ahí que es verdad el amor es ciego, ya que una parte de la amígdala cerebral, la que se relaciona con el miedo se desactiva, por eso tardamos tanto tiempo en darnos cuenta de lo que no nos gusta de la persona.
El verdadero amor en pareja se da cuando pasamos del fenómeno al neoumeno, es decir dejamos lo meramente físico y nos involucramos en lo real de esa persona, dejamos de ver la cosa y entendemos la cosidad de ese ser, pasamos del mundo sensible al inteligible es decir que ya no nos dejamos llevar por el engaño de nuestro sentidos, sino que vemos a la persona desde nuestro espíritu y nos impulsa ahora la razón.     
Pero el desamor refleja claramente lo que dice Hobbes: “El hombre es lobo para el hombre. La necesidad del amor a veces es una pesada carga,  y esa carga el hombre la debe sufrir por dejarse llevar por sus impulsos, es así como los impulsos básicos nos arrastran al infierno del desasosiego afectivo, a sufrir la vulnerabilidad del desamor, del rechazo, nos aísla, nos vuelve frágiles, por eso en nuestra sociedad aterroriza la soltería, puesto que la soledad es sinónimo de debilidad, pero muchas veces queriendo vencer esa soledad encontramos el rechazo.  

Al final creo que lo que más queremos es poder decirle a alguien: Eres la fenomenología de mi espíritu.