Amor platónico, romántico,
de verdad…… y yo
En el mundo occidental nos hemos adaptado al concepto del
amor romántico, lo creemos una necesidad
para fundamentar la relación monógama de pareja planteada en gran parte de la
sociedad occidental, el amor ha llegado al punto de idealización creyéndose que
supera nuestras necesidades, complementa nuestra vida y nos realiza como personas, se llega en
ocasiones a creer que sin la persona a la que amas no se puede vivir; el amor
se llega a mezclar con sentimientos pasionales básicos del ser humano como son
el sexo, creyéndose que el amor es una experiencia siempre placentera y
emocional.
En el amor platónico se centran más la admiración casi la
adoración por el ser al que le diriges estos sentimientos, en este amor no
existen los impulsos básicos del ser humano, este amor es espiritual alejado de
lo mundano.
El amor de verdad es más fácil encontrarlo en las relaciones
que tienen una relación de consanguineidad
directa, es un amor eterno que soporta todo, que entrega todo el mejor ejemplo
el amor que algunas madres dan a sus hijos, es un amor que busca el bien del
otro ayudándolo a superarse a ser mejor, que le permite ser libre, con la
confianza de que al volver ese amor no habrá desaparecido ni menguado, en
ocasiones lo encuentras en las amistades y en casos selectos en una relación de
pareja.
Pero si analizamos el amor romántico ese que nos ofrecen en
los chick flicks, en la literatura, en el arte, nos encontramos con una
realidad y es que el amor romántico invadió con su concepto hace apenas cuatro
siglos, antes de esto la única obra en la que se hablaba de forma amplia del
amor romántico es en el Shir Hashirim o Cantar de los cantares el cual es un
poema de dos amantes separados, aunque desde la tradición cristiana se le vea
como una obra con clara referencia a D-os y la iglesia, para los judíos sea una
referencia a D-os y el pueblo judío, o a la unión del rey Salomón con la sabiduría,
pero al leer el libro no se puede negar la exquisita descripción que hace del
amor romántico, del amor de dos amantes que se buscan a pesar de las dificultades.
La antropóloga Helen Fisher ha realizado amplios estudios
sobre la neurobiología del amor, llegando a la conclusión que en el amor se
relacionan tres sistemas cerebrales los cuales están en perfecta interacción
los cuales son el impulso sexual, el amor romántico y el cariño y apego tras
una larga relación, en la fase uno nuestro impulso sexual hace que tengamos una
sobrecarga en nuestros neurotransmisores, esta fase es adictiva, la verdad al igual
que las demás especies nos sentimos sexualmente atraídos por una persona con la
que podamos llegar al acto sexual, esta fase dura menos de un año, de ahí pasamos
a la etapa dos lo que llamamos amor romántico, en esta etapa liberamos oxitocina
y vasopresina, es la etapa en que buscamos establecer gustos y opiniones que
trasciendan el ámbito sexual, en esta etapa los encuentros sexuales disminuyen
con relación a la primera etapa puesto que ya hemos encontrado otras cosas en común
con la persona, gustos políticos, alimenticios, sueños en común entre otros,
pero la tercera etapa es la más compleja puesto que o aparece el cariño de
larga duración o la relación se termina;
es importante tener en claro que se hace énfasis en que debe existir relación
es decir gustos en común, sueños, expectativas en común sobre la relación, no
basta con vivir bajo el mismo techo pero cada quien en su respectivo mundo.
El amor es adictivo producimos tales niveles de dopamina,
norepinefrina, oxcitocina y vasopresina entre otras, que aumentamos los niveles
de testosterona y esta hormona es la encargada de nuestro impulso sexual, por eso
cuando tenemos impulso sexual hacia una persona la pensamos constantemente y
nos volvemos dependientes, es decir el amor como tal es una adicción, una buena
adicción en muchos casos y lastimosamente en algunos casos un adicción difícil de
dejar.
Ahora bien por qué buscamos enamorarnos, por qué a pesar de
que a nuestro alrededor y en ocasiones nosotros mismos hemos fracasado en una relación
amorosa volvemos a buscar enamorarnos, la respuesta es que el amor es una
necesidad de los seres humanos, un impulso y uno de los más básicos es el
impulso sexual organizado bajo la necesidad de la exclusividad y la complicidad
con alguien, pero no es un sentimiento, el amor romántico no es un sentimiento
es solo impulso sexual, por eso no solo existe en la cultura occidental, ya que
de cierta forma a pesar de las diferentes culturas y costumbres el amor como
necesidad fisiológica del ser humano aparece; como dijo Aristóteles “El hombre
es social por naturaleza” nos desarrollamos y mejoramos por medio del amor a
otras personas, damos amor para recibir amor o al menos eso creemos.
El amor romántico nos hace desaparecer el miedo de ahí que
es verdad el amor es ciego, ya que una parte de la amígdala cerebral, la que se
relaciona con el miedo se desactiva, por eso tardamos tanto tiempo en darnos
cuenta de lo que no nos gusta de la persona.
El verdadero amor en pareja se da cuando pasamos del fenómeno
al neoumeno, es decir dejamos lo meramente físico y nos involucramos en lo real
de esa persona, dejamos de ver la cosa y entendemos la cosidad de ese ser,
pasamos del mundo sensible al inteligible es decir que ya no nos dejamos llevar
por el engaño de nuestro sentidos, sino que vemos a la persona desde nuestro espíritu
y nos impulsa ahora la razón.
Pero el desamor refleja claramente lo que dice Hobbes: “El
hombre es lobo para el hombre. La necesidad del amor a veces es una pesada
carga, y esa carga el hombre la debe
sufrir por dejarse llevar por sus impulsos, es así como los impulsos básicos
nos arrastran al infierno del desasosiego afectivo, a sufrir la vulnerabilidad
del desamor, del rechazo, nos aísla, nos vuelve frágiles, por eso en nuestra sociedad
aterroriza la soltería, puesto que la soledad es sinónimo de debilidad, pero
muchas veces queriendo vencer esa soledad encontramos el rechazo.
Al final creo que lo que más queremos es poder decirle a
alguien: Eres la fenomenología de mi espíritu.
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